23.2.13

Las nubes negras que no sueltan lágrimas, solo asustan


Me gustan las pelea entre fuerzas de iguales, entre nubes negras que aparecen desde abajo contra nubes blancas y suaves que van avanzando desde arriba. Las unas amenazan con sus tonos oscuros con devorar a las débiles a poco que sean capaz de subir un poco de altura, pero las negras no son nunca capaces de izar el vuelo, tienden siempre a caer hacia el suelo más frío. Las blancas, aprovechando los últimos gritos solares van creciendo e intentar envolver las masas negras, pero si se acercan a ellas son devoradas y convertidas también en grises oscuros.Al final, es la noche quien se apodera de ambos formaciones y las hace desaparecer a nuestras visiones. Nunca gana ninguna de las dos, siempre lo hace el cielo que cambia del azul intenso al apagado negro marengo.

21.2.13

Vuelve la primavera, aunque se empeñan en fastidiarla


La primavera se está construyendo en la fábrica de los futuros, me lo acaban de confirmar. Ya se está preparando llena de aguas, para insistir en regarnos las ilusiones y los primeros calores. Los árboles y arbusto se están adelantando, impacientes por crecer y brotar. Al menos, entre tanta desilusión social, nos quedará la primavera para ilusionarnos en el futuro posible.

19.2.13

Me gustan los líos naturales y con mucho color variado

Me gustan los barullos, los líos de colores y formas, los lugares repujados y abigarrados en donde ya no parece coger ni un simple alfiles de aguja.  Tal vez fue la falta de elementos en la niñez, cuando yo no tenía de nada, ni libros, ni juguetes en demasía, ni posibilidades.
Me gustan los lugares en donde nadie es más que los otros, aquellos en donde todos parecen tener la misma importancia y necesidad de estar. Es imposible imaginarse un hueco vacío en los lugares en donde hay de todo, pues ese todo ocuparía enseguida el espacio disponible. Todo es muy sabio para no dejar espacios libres, excepto que los hayamos provocado por arranque.
Este jardín es de Pau, en el sur de Francia. Me gustaron los colores con formas pequeñas, el agua y sus nenúfares, pero también su aspecto desordenado, casi totalmente natural. Me gustó su silencio que es imposible traer en una fotografía. Pero ahora lo escucho.

¿Para qué sirve guardar una fotografía? Para volver a vivir

Hay sitios y lugares, hay milagros y atardeceres, hay luces y sombras. Casi siempre hay donde elegir, depende de las horas, de la luz, de la mirada, de las ganas de observar y esperar un momento a que el color sea de tu agrado.
Esos instante solo a través del recuerdo se pueden conservar,  volverán otros, mejores o peores, pero siempre otros. No es posible volver a repetir el mismo instante, el mismo olor o sabor, la misma compañía, la misma sensación.
Incluso muchas veces uno se sorprende al ver imágenes antiguas de haber estado allí en ese preciso momento. Pero debió ser así, amontonadas entre miles de bellezas que se van perdiendo si no fuera por la fotografía.

18.2.13

Crecen juntos los desiertos y las aguas

Siempre en el agua, lavadas y húmedas, limpias y en posición de presente. Crecían, se tambaleaban si venía el aire, disimulaban su interior arropándose entre ellas. Algunas se atrevían a salirse de la formación, a crecer invadiendo más aguas, pero su debilidad era manifiesta y les costaba mucho crecer. Al final muchas de ellas perecían secas por el árido viento del desierto que contemplaba como la gran charca crecía a su vera sin poder tomar sus aguas para regarlo. Son las paradojas de la naturaleza en Aragón.

17.2.13

La puerta verde que seguía cerrando nadie sabe qué

Cientos, miles de veces se abrió para dejar salir. Las mismas para dejar entrar. Recibió palos y herrajes, golpes y cepillos, pinturas y apoyos. Ahora recibe aguas y sol, años y polvo. Es lo que tiene dejar de tener un uso constante. Ya nadie se acuerda de pintarte.
Estabas herida de agujeros y remaches, de boquetes tapados y heridas golpeadas. Pero seguía en forma, seguía cerrando. Nadie sabía qué, excepto su dueño.

16.2.13

La geometría imperfecta de la vista perfecta


 Geometría dura, líneas que se rompen, colores escondidos, planos, planos, planos. 

Es como que todo pareciera desmontarse un poco para mostrarnos las imperfecciones de las geometrías de los humanos. 

Aunque se intente, siempre salen movimientos imperfectos que amenazan con caer. 

Debe ser la vista la que no es perfecta.

Debía ser la libertad inerte de las raspas. O no


Cabalgaban, se movían sin ser vistas, se abrazaban, resurgían desde la selva del arbusto diminuto en contraprestación a los blancos de las flores. Se miraban.
Nada contrasta más que los movimientos quietos de colores vivos. Las flores blancas observaban y las raspas naranjas y rojas bailaban a su son sin importarles quien las miraba. Debía ser la libertad.

Una madera quemada en dos fases diferentes

Me parecieron dos maderas quemadas en el mismo tronco, curiosamente la mancha amarilla estaba sobre la madera negra y la mancha negra sobre la madera más amarilla. Era el contraste del positivo y el negativo, del si y el no. 

Era imposible saber donde estaba el positivo y el negativo, pues ambos me hipnotizaban. Me los imaginé descentrados e ilógicos. Por uno se podía intentar mirar para no ver y sobre el otro se podía mirar y ver la belleza. Me quedé con ambos.

15.2.13

Me gusta hablar con los que se asoman a las ventanas


Me gusta encontrarme con los que se asoman a las ventanas, dialogar, mirarnos a los ojos,  sospechar qué piensan, adivinar sus problemas y entresacarles sus soluciones. Miro hacia las ventanas buscando los que se asoman pues siempre hay sorpresas.
Iban de blanco aunque el polvo las delataba. Llevaban ya mucho tiempo asomadas y sin respuesta clara. El gran error era haber puesto la verja de alambre, que les impedía volar o lo que es más fácil, que las “volaran”.

He torcido las manchas para dominarlas


Hasta que me las llevé en el bolsillo, eran las paredes de un ascensor metálico afectadas de los óxidos del agua de la lluvia. Pero habían cobrado una vida especial, unos movimientos nuevos, unas sensaciones decorativas que antes no tenían. Las manchas tenían un sentido anónimo y el ascensor seguía funcionando sin saberlo. Me encantaros los inicios de los violetas chocando con los óxidos limpios.

Los tres clavos que sujetaban por detrás la puerta

Los tres clavos se disimulaban entre los nudos, pero estaban en aquella madera vieja sujetando los años por detrás, escondiendo una madera cruzada que aguantaba todo el teatro.

Fue una puerta verde, sin duda, y las aguas recuperaron su esplendor de madera ajada, aunque la falta de cuidados le llevaron al declive tras constantes abandonos. Ahora ya no es casi nada, esconde un viejo almacén de polvos y una antigua cuadra de cochinos.
Sus leves rastros verdes primavera nos indican que hubo tiempos en que era una puerta válida. Ahora es un simple cadáver que tapa las penas viejas de unos dueños también fallecidos.

14.2.13

Empujan por nacer, obligadas por la primavera lejana


Nacer es empujar, es abrir, es salir a la luz, es dejar de estar escondidas en su rama. La primavera empuja las sensaciones, los milagros, las necesidades por salir y conocer el nuevo destino. Estas hojas son de un arbusto floral, empujando desde su rama por salir de momento al frío. Lo hacen muy lentamente pues todavía el sol es tímido y no calienta lo que ellas necesitan, pero ansían salir a crecer y multiplicarse. Seguro que por debajo hay más, también empujando.

El caos floral al natural, es el que más orden tiene


Los ramos de flores cortadas tiene un orden complejo de entender, pero una manera de mostrarnos el conjunto con una organización agradable aunque a veces difícil o incluso absurda. Pero los ramos de flores naturales, los del campo, esos si que son inaccesibles a la explicación y el orden. Son aleatorias y maravillosamente cambiantes según el aire. Son inasequibles a la explicación.

Tierras áridas conquistadas para el pan o la cerveza


Desde el montículo se veían las tierras áridas conquistada a las lomas secas para un cereal escaso. En los fondos la poca agua deja más tiempo la humedad y si estas hondonadas están cerca de los caminos se siguen utilizando para el trigo o la cebada. Es comodidad y exceso de abandono, es necesidad de poder entrar con máquinas y ser rápido en las labores. Ya no sirven de nada los terrenos pequeños ni los alejados de las cañadas.

13.2.13

Era una red de nada, buscando sujetar la nada


Y atrapado quedé de la sencillez de las líneas, de sus bolitas finales, de sus puntos de anclaje. No decían nada y eso impresiona. Incluso algunos sectores parecen escaparse de su trabajo de sujeción y aquello me produjo curiosidad. No temía nada que no fuera la consideración de boceto de nada, de un apunte burdo de la nada, pero como de un vacío sujetado por y desde el todo.
Era plano, no tenía volumen y aquello me molestó, pero no quise darle importancia. Es posible que algunos ni lo detecten si yo no lo cuento. Bueno si, tiene  volumen aunque plano, en dos dimensiones, trabajando el movimiento, tal vez incluso el estiramiento de algunas partes.

Agarradas por los nudos que aprietan


Eran líneas de colores formando una cortina rasgada desde el ordenador. Luego decidí atarlas todas con una cuerda imaginaria, como cogiendo en un nudo las partes centrales para que la luz negra pudiera penetrar hasta nosotros. Nunca pensé —hasta el final— que las luces negras no iluminan y que incluso la mayoría de las veces oscurecen. Al menos esta vez logré, que la luz desde fuera tuviera la misma intensidad sin verse afectada por los fondos.

Para poder moverse, unas tenían que ganar donde otras perdían


Siempre llenas de agua, se sentían no solo secas sino también ásperas, abruptamente insociables y broncas con sus vecinas de orilla. Eran insociables pues dependían del agua para seguir viajando y solo algunas lo conseguirían a costa de tener buena posición de partida. Si quedaban planas no lograrían moverse, si repuntaban sus laterales podrían correr con el agua en busca de los destinos nuevos. Rodaban solo si lograban la suerte de estar en buena posición. Para ganar, otras tienen que perder.

Cielo de mar poco antes de morirse con el día

Cielo de mar, bravo y desafiante, duro pero bello que asusta para desaparecer, pues muere el día preocupando, dejando la señal de que se está reventando con toda la batalla posible, con sus rojos amenazantes o sus amarillos de fuego. Todavía el azul celeste se deja ver para señalarnos lo que volverá al día siguiente, cuando vuelvan a nacer las nubes nuevas.

La elegancia grupal de las grullas de Gallocanta


Elegancia grupal, música de percusión, vuelos en formación en busca de nuevos destinos. Las grullas son gregarias y aristocráticas voladoras, son visitantes ocasionales que vuelven todos los años a enseñarnos la fidelidad como valor que se repite. Si no vinieran, el fin del sistema ya habría llegado.

Lo importante nunca es el camino, sino la meta

Si hubiera sido pequeño de estatura no se me hubiera visto entre tanta hierba alta que rodeaba aquel camino. Pero mi altura me delataba y sobresalí desde el camino buscando la salida, intentando simplemente salir de allí para buscar una dirección recta, un lugar en donde no tuviera que estar tan pendiente del camino y más de la meta.

La vigilante de la playa de San Sebastián


Era la vigilante del parque, la que oteaba desde lo alto quien entraba y salía, quien tenía buena sensación y quien venía con ganas de estropear.  A veces se movía desde su trono en busca de mejores vistas o para intuir lo que podría suceder si las visitas no se comportaban. Sus gritos delataban a los incorrectos.

Agua torcida por culpa de un aire más fuerte

Pensé enseguida que aquella agua torcida tenía un sentido mayor que el del aire potente que lograba cambiar su dirección. Al caer ella sola era incapaz de caer recta, se doblaba presa del nervio de un aire fuerte que la empujaba hacia fuera.  El aire era más potente que el agua y aquello me sorprendió.

Voy a desnudar mi arte, con miedo al ridículo

Nunca me ha gustado mostrarme, sé que no merece la pena ni la ocasión. Pero yo también quiero verme, observar lo que hago y no simplemente observar lo que hacen otros. No soy bueno, es decir, como la mayoría. Pero eso no debe ser freno, pues si lo fuera, no merecería la ocasión seguir haciendo nada.
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